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La vía Bogotá-Mosquera-Madrid se volvió un corredor de muerte en el que las víctimas no logran que se les haga justicia.

La distancia entre Bogotá y Mosquera es de 20 kilómetros, y de 30 para quienes recorren el mismo trayecto hacia Madrid, dos municipios de la Sabana Occidente en Cundinamarca que han crecido de forma acelerada durante los últimos veinte años.

El fenómeno obedece a muchos factores como su cercanía con la capital del país, por el aumento de grandes fábricas generadoras de empleo, por las soluciones de vivienda de interés social pero también de proyectos urbanísticos a muy buenos precios para quienes buscan comodidad y amplitud pero además una ubicación que les permita en corto tiempo estar en la gran ciudad para estudiar y/o trabajar.

Y todo eso ha convertido esta carretera en una de las tres alternativas que más se usan para conectar a la capital con los llamados municipios de la Sabana Occidente. Sin embargo, es también una de las vías más peligrosas en las que transeúntes, motociclistas y ciclistas se ven expuestos a ser arrollados por vehículos que la recorren a grandes velocidades y sin control real.

La vía tiene deficiente iluminación en horas de la noche, unos altos índices de velocidad por el ancho de sus carriles y unas cámaras de seguridad que o están dañadas o instaladas en puntos que no arrojan mayor información a las autoridades a la hora de tratar de esclarecer responsabilidades en los accidentes.

Si se miran las cifras oficiales sobre la accidentalidad en la vía Bogotá-Mosquera-Madrid se observará una disminución del 63% en el primer semestre del 2020 y el mismo período del 2019, porque mientras que para la época del año anterior se registraron nueve homicidios y 70 lesionados en accidentes de tránsito, entre enero y junio de este 2020 solo la estadística fue de tres homicidios y 66 heridos por la misma causa.

Lo que no dejan ver esas estadísticas es que no solo hay un alto subregistro de accidentes que no son reportados o conocidos ni que la impunidad en la mayoría de las muertes causadas por los carros fantasma, es total.

De hecho, los tres atropellamientos reportados por las autoridades en los que las víctimas perdieron la vida no han sido resueltos judicialmente. No hay testigos, no hay capturados, no hay siquiera pistas de quién pudo haber causado los fallecimientos.

Simplemente huyen  amparados en la oscuridad de la noche, en la soledad de la carretera, en la falta de patrullajes de la policía vial y en la falta de cámaras de vigilancia que están en operación y permitan arrojar algunas pruebas que sirvan para buscar a los homicidas.

Son familias que inician una búsqueda, primero con vecinos, amigos, lugares que frecuentaban sus seres queridos y que después van ampliando en hospitales, morgues y la misma via hasta que finalmente los encuentran, a veces como NN y siempre sin que haya un responsable a quien juzgar y por lo menos saber que hubo un culpable y que se hizo justicia.

Lamentablemente, los mismos funcionarios judiciales explican a los familiares de las víctimas que cuando se trata de homicidios con carros fantasma, los procesos en la mayoría de los casos se quedan arrumados a la espera de obtener alguna prueba que permita llegar hasta los responsables pero que eso nunca ocurre y al final los expedientes se olvidan y precluyen.

Pero sí debe haber soluciones efectivas para, de un lado, disminuir a cero la accidentalidad vial en esa carretera pero además, suministrar los mecanismos necesarios para que cuando esos casos se presenten no haya impunidad.

Iluminación, patrullajes viales las 24 horas, cámaras de vigilancia en buen estado y en los sitios en los que según los estudios se hayan identificados como los de mayor peligrosidad, y reductores de velocidad en los tramos de alto riesgo, pueden ser parte de la solución.

Fuente

RCN Radio

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